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Una tarde con los abuelos

  • Foto del escritor: Guachos
    Guachos
  • 6 ago 2018
  • 1 Min. de lectura

Actualizado: 6 ago 2018



“El domingo comemos con los abuelos” es una frase rutinaria en la semana para muchos nietos. Para mí no, es lo que más envidié a mis amigos desde que tengo uso de razón y, tengo que confesar, que esa frase es uno de los motivos con más peso por el cual hoy estoy en Argentina. Necesitaba disfrutar de la cotidianidad de pasar un fin de semana en la casa de mis abuelos. Vivir la experiencia sin la urgencia de la vuelta, poder volverme con un tupper cargado con los manjares de mi abuela, pasar un día entero escuchando como mi abuela me da clases de economía doméstica y mi abuelo nos enseña sus trabajos y obras, y compartir un mate con todos los recuerdos familiares que llevan acumulando durante 80 años. Descubrir la ciudad, la casa y el entorno de todas las historias que siempre escuché a mi madre.


Dicen que los abuelos deberían ser eternos, os aseguro que los míos se han ganado ese privilegio. Stella y Hugo son dos personas de las cual es muy difícil no enamorarse. Antón está siendo un maravilloso compañero de aventuras porque la hizo realidad y disfruta casi tanto como yo de los fines de semana con ellos. Y no solo eso, si no que inmortaliza para siempre estos pequeños momentos cotidianos que para mí, que siempre los he anhelado, son un regalo de la vida.




Comentarios


Antón
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Mica

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