La esencia porteña
- Guachos
- 4 oct 2018
- 3 Min. de lectura
Uno cuando visita una ciudad se queda con una esencia, una atmósfera que envuelve a todas las experiencias que viviste en ella, va más allá de lo físico y tangible. Pensando en esto, hace unos días estábamos con Antón sentados en una terraza de nuestro barrio, disfrutando de una noche espectacular de primavera, cuando intentamos poner con palabras que era lo que hacía tan especial a Buenos Aires. Tiene una identidad como ciudad que la hace única en un mundo globalizado dónde las ciudades cada vez son más parecidas, tiene un “nosequé” que te engancha y te enamora. Acabamos haciendo una lista larguísima de todas estas cosas y hoy os vamos a dejar unos ejemplos para que intentéis entendernos…

Buenos Aires es una ciudad que allí dónde mires, tienes el reflejo de una sociedad que se ha formado a través de las migraciones de los últimos siglos. La ciudad está compuesta por barrios dónde se fueron asentando las colonias por los países, se nota en la arquitectura, en los edificios de culto, en las tiendas, en los apellidos….Es muy fácil encontrarte a Stracuzzi, Poplawski, Spatz que no suenan mucho a gaucho si no a todas las familias de italianos, judíos, polacos, rusos, alemanes, gallegos, etc. que formaron una nueva vida en la ciudad.

Ya os hemos contado que el mate es el fiel compañero del argentino y por tanto está presente en todas partes…En el parque dónde la gente se junta por las tardes, en el trabajo de oficina junto al monitor, en la cabina de los vigilantes de seguridad, en la puerta del colectivero… Existen numerosos espacios, principalmente parques y jardines, dispuestos para que la gente se tumbe a compartir un mate y arreglar el mundo en una charla. Y numerosas pastelerías o kioskos dónde comprar el perfecto acompañante.

Caminar por la avenida Corrientes es toda una experiencia, ahí está ese “nosequé” que te absorbe. Es la avenida más famosa y transitada en esta ciudad. A diferencia de otras ciudades que hemos visitado, aquí siguen estando los bares de hace 70 años, las librerías de segunda mano gigantes y las pizzerías de la esquina por porciones y salón. Las grandes cadenas y franquicias pasan a un segundo plano para dejar ser protagonista a esa esencia de la avenida de los teatros, las pizzas y las librerías que sigue presente. Además las pizzas de Argentina son únicas. Queso, queso, queso y más queso, con una base gorda crujiente y grasienta. La mejor pizza que hemos probado en este país es la de Güerrín, la pizzería más clásica de la ciudad.

En Buenos Aires, algunos bares fueron punto de encuentro de grandes personalidades y escenario de actividades culturales significativas. Muchos de ellos, por antigüedad, arquitectura o relevancia local, son considerados "notables" y forman parte oficial del patrimonio cultural de la ciudad. Conocerlos y compartir la atmósfera amable de las charlas de café, disfrutando de un clásico café con medialunas, es ritual obligado y una experiencia imperdible.

Otra de las cosas que hace que la ciudad sea única es la gente, y esto lo puedes ver claramente en los numerosos viajes en colectivo que tienes que hacer para moverte de un lado a otro de la ciudad. Le llegas a coger cariño a algunas líneas y a odiar otras, pero siempre vas a agradecer un colectivero simpático que te lleve a tu destino sin frenazos, bocinazos e inconvenientes varios, que te sonría al entrar y te abra las puertas con delicadeza, ese que te inspira ternura y que compadeces por domar al colectivo en un infierno frenético durante horas día tras día, llueva o se derrita con el sol, siempre va aparecer por el final de la avenida, a veces más tarde otras más temprano, lleno o vacío, te llevara a tu destino. Algunas líneas o paradas de subte son muy nuevas, pero otras son tan viejas que no te extrañaría encontrarte a Borges en alguna de ellas.

Y por último en esta primera parte, no hay cuadra en toda la ciudad que no tenga una frutería en la esquina. Con todas las frutas y verduras perfectamente colocadas en cajas de madera en la calle, formando una gama de colores espectacular. Es toda una experiencia recuperar la tradición de comprar en la frutería del barrio y no en el supermercado. Además no tienen esa tontería de que la fruta tiene que ser perfecta como en España, son feas y cada una con una forma diferente pero en conjunto son una maravilla y de sabor ni te cuento..
En la próxima entrada os seguiremos contando un poco más de estas cosas que nos enamoran..



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