La cesta de la compra
- Guachos
- 1 jun 2018
- 3 Min. de lectura

¡Qué año tan intenso hemos escogido para venirnos a Argentina! Yo que pensaba que con nuestra crisis lo había visto todo. Pero no, una de las cosas que te das cuenta al vivir en este país, es que en Europa vivimos en una pequeña burbuja desconectados de la realidad en la que viven muchas otras sociedades. Veníamos con el aviso de que Argentina, como pasa en muchos países de Latinoamérica, tiene una política y una economía muy irregulares que afectan notablemente a la sociedad que la vive.
No pretendo hacer un análisis de la situación actual porque tampoco estoy capacitada para ello, pero sí que me gustaría reflejar nuestra experiencia en un contexto tan loco. Para poneros en situación: hace un año, cuando planeábamos este viaje, el valor de 1€ era de 17 $ ARS. Cuando llegamos era de 23$ y a día de hoy estamos a 31$. Si a esto le sumas una inflación imparable y una tasa de interés altísima.. ¡Boom! Te explota la cabeza. A mí me pasó cuando intenté comprender todas las variables el otro día en clase de economía.
En Galicia la macroeconomía no solía ser mi tema de conversación del día a día, tampoco se daba el caso de encontrar a alguien comentando en el supermercado el valor de cambio del momento. Aquí las crisis se sufren a otro nivel, y eso se nota en la actividad más básica del ciudadano: comprar la comida.

Lo primero, los precios varían muchísimo de un establecimiento a otro, puedes llegar a tener hasta un 20% de diferencia entre un producto igual. En una panadería puedes comprar el pan de sándwich a 51 pesos y en la fiambrería de la otra esquina ese mismo paquete a 35 pesos. Consejo de abuela que sufrió hiperinflaciones, devaluaciones y dictaduras: “Para hacer la compra hay que caminar”.
En Galicia la compra la hago en uno o dos supermercados, mientras que aquí vamos a la verdulería, fiambrería, a la granjita de pollo, a la carnicería, panadería, a los ‘chinos’ y Carrefour. Al final después de probar varios lugares te quedas con los que por calidad-precio te compensen. Nosotros probamos suerte en 3 o 4 fruterías hasta encontrar la que siempre tiene mejores precios, además está siempre atestada de gente por lo que el producto es fresco y barato. Un día vas por la calle y te descubres a ti misma leyendo carteles de precios, “fichando” ofertas y lugares donde todavía no actualizaron los precios.
El comercio online por ahora es prácticamente inexistente, por lo que los barrios están llenos de pequeños locales especializados. Por cada cuadra hay dos verdulerías, un chino y una carnicería, siempre encuentras una tienda a la que acercarte para encontrar lo que buscas.

Los precios varían constantemente, una semana el jamón cocido puede estar a 50$ el paquete de 200gr y la siguiente semana ese mismo paquete te cuesta 65$ y además está de oferta (Vivido en el Carrefour hace unas semanas). La gente que tiene un sueldo en pesos y tiene que hacer malabares para alimentar a la familia, hace la compra en el momento que cobra ya que seguramente el valor de ese dinero no sea el mismo al final de mes.
A la hora de hacer la compra o buscar algún producto, te das cuenta la diferencia de precio entre un producto importado y un producto nacional. A parte de que el extranjero es muchísimo más caro, el envase te aparece etiquetado como industria argentina para poder identificar los productos nacionales. En España con el libre comercio y la moneda única no te das cuenta si estás comiendo naranjas de Alemania o de Andalucía, a no ser que leas la letra pequeña.
Al final, hacer la compra es una actividad más de la semana a la que le dedicamos más tiempo aquí que allá pero te hace sentir muy afortunado de tener lo que tenemos y vivir donde vivimos. Mucha de la gente que vive en Argentina no necesitará hacer todo esto que os cuento, pero lamentablemente una gran parte de la población sufre día a día las consecuencias de la inestabilidad económica y las trabas que continuamente le ponen al país para poder desarrollarse. Es muy injusto que en el “Granero del mundo” uno de que cada diez hogares no disponga de los recursos para alimentar a su familia o que el índice de pobreza estructural ronde el 30% de la población. Que con la cantidad de recursos naturales y materias primas no le permitan desarrollar una industria y su mercado. Pero así son las reglas del juego en los “países emergentes” o colonizados por el capital.




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